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ISSN 1989-4163

NUMERO 08 - DICIEMBRE 2009

 

Cuando el Hombre Escandalizó al Hombre

Holly

Gruau, el hombre del escándalo, y Dior, el hombre del escándalo, formaron una de las parejas más prolongadas, en lo que a diseño y publicidad se refiere, del pasado siglo; dos almas que se comunicaban con sólo mirarse, como le pasaría a Christian Dior con su príncipe Saint Laurent y que, juntas, crearon el revolucionario estilo de vida masculino: Eau Savage. Todo un manifiesto: la primera vez que se ve a un hombre desnudo en una campaña publicitaria. Estilo de Vida por Dior y, por primera vez, también para hombres.

Dicen de la fragancia Eau Savage que es un clásico entre los clásicos y que, además, desprende una modernidad absoluta y rutilante. Es como la blusa blanca para las mujeres y la camisa azul para los hombres. Es como viajar con una maleta de Louis Vuitton pero sin parecer una estrella de cine aferrada a un joyero de cocodrilo y envuelta en visón, o vestir Versace y ser consciente de la elegancia extrema de su vulgaridad; es como llevar trajes de Savile Row y entender lo que es el arte de vivir; es como ver a esos caballeros que siempre llevan paraguas en Londres y que responden con un “En Londres no hay clima, hay tiempo” o a esos hombres que llevan un periódico salmón y un Vogue Pour Homme del brazo y tienen carisma. El arte de vivir, lo llaman.

Con esta fragancia, el hombre descubre la moda o, más bien, la moda descubre al hombre. Dicen del hombre Dior que es sencillo pero salvaje, elegante y despreocupado pero magnífico. Algo así como el perfume de Cary Grant, a lo que huelen los que aman la vida; una imagen sensual del hombre que antes de salir se mira al espejo, pero no para comprobar su ropa sino su sonrisa, que brilla natural, y que “nada parezca demasiado nuevo”. Es como cuando dice el príncipe que “el mejor vestido de una mujer son los brazos del hombre que la ama”, pero desde el otro prisma; el mejor aspecto para un hombre es saber que hay una mujer que le ama y que su reflejo en el espejo lo demuestra. Es saber llevar una flor en el ojal y saber caminar por la calle con un ramo de flores, que no sean rosas -por típico- y que no sean claveles -por populares-. El mundo puede dividirse en eso; sabes o no. Y punto.

Eau Savage es el llamado punto de inflexión entre el Hombre (viril, salvaje, masculino) y El Hombre (cuidadoso, bello pero sin renunciar a su masculinidad); es la modernidad absoluta y el total aire clásico. Es llevar vaqueros con americana como haría Warhol en los años mágicos de Studio 54, o combinar dos tipos de rayas con éxito en la camisa y la corbata, o sencillamente llevar el tabaco en una pitillera -lleve o no la dirección-. Es Savoir Faire.

Es la vuelta del hombre si es que alguna vez se fue y no solamente porque los titulares de las revistas lo proclamasen. Es la muerte del artefacto comercial, del inepto social, del übersexual, del metrosexual, del estúpido cultural o del pedante de marca. Es el fin del hombre que usaba Donna Karan o Tommy Hilfiger, es la vuelta del hombre que usaba Loewe en sus delirios de sábado noche; la vuelta del hombre que olía a Eau Savage de Dior los diarios, es la vuelta de Cary Grant, es la vuelta de Steve McQueen, es la vuelta del Hombre. Es la muerte del hombre. Es el regreso de lo que nunca se fue, de lo que nunca debió irse y de lo que debe quedarse. Es fue y será. El Hombre.

Es eso que llaman savoir faire, es el clasicismo de los detalles. Es llevar la camisa bien desabrochada, con los dos primeros botones sin abrochar; es llevar gabardina corta sin botones al descubierto y un paraguas de color negro con mango de madera; es llevar pijama de algodón azul marino con batín con el monograma bordado pero no apreciable al ojo (en dos tonos más de azul) deliciosamente abrochado; es anudarse la corbata con el nudo Windsor o, sencillamente, tener un pañuelo de hilo por el bolsillo.

Es eso que llaman estilo de vida, es ser eterno, irreemplazable como Steve McQueen: formalmente indecente, atractivo sin resultar perfecto, brillante con un matiz apagado, autor de humor fino y silencio quieto, frío, sensual y con una carga sexual importante, tener un cuerpo perfecto como un arco y una mirada directa como una flecha. Es saber servir el champagne de dos veces -por la burbuja-, es saber extender un mantel de cuadros sobre la hierba, es saber pasear por el paseo marítimo, es saber conducir un descapotable (de cambio manual) y es saber seducir. Es magnetismo, y es Steve McQueen.

Estilo de vida aromatizada por Eau Savage de Dior. Nunca un perfume dijo tanto. Otras esencias han perdido autenticidad por su sobreexplotación, como el Nº5 de Chanel o la mítica Eau De Rochas, pero hay tesoros que siguen sin ser del dominio público. Vuelve el hombre, vuelve el Hombre entre hombres, vuelve el Hombre para las damas. Steve McQueen, un mito, un icono. Steve McQueen.

 
 

Steve

 

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